Ocurrió que en algún paraje de Huari, aun sin ubicación en el tiempo, nació un niño muy llorón que por las puras ganas de llorar sin motivo alguno le salían gruesos lagrimones de los ojos, por lo que le pusieron el nombre de “ama huagaitzu”. (Quiere decir: No llores).  

Aquel mismo año había nacido una niña de carácter muy tranquilo y por contraste de circunstancia sus padres lo llamaron “Huagancu” (Quiere decir: ¿llora?).

Corriendo los años, ambos niños se conocieron y fueron creciendo parejos, adaptándose uno al otro. Ama huagaitzu muy esbelto, pero siempre llorón, Huagancu de negra cabellera y sonrisa misteriosa. Llego la edad de Eros, ama huagaitzu se siente todo un hombre, aunque no oculta lo frágil de sus sentimientos y quiere tomar estado casándose con Huagancu.   

Pero como era muy pobre encontró serrada resistencia a sus pretensiones mas pensó que sus grandes llamamientos de su corazón debían lograrlo con esfuerzo y perseverancia, y pactando secretamente con Huagancu, se puso a  buscar  trabajo.

Recorrió toda la comarca subiendo cumbres y montañas, atravesando bosques de quenuales y alisos. Mas llego un atardecer de los muchos que había tenido sobrecargo de ensueños y esperanzas se recostó al borde de un camino a descansar su fatiga. Rumiaba el pasado sintiéndose el más desdichado de las criaturas. Y cuando empezaba a cerrar los ojos, estrujando los parpados y arrugando el rostro para empezar a llorar, se le presento el “Asiag”. (Diablo o Supay, que apesta)

Y le preguntó: ¿Qué haces aquí? – ¿por qué te sientes tan desdichado?
Busco trabajo para casarme con Huagancu. Contesto el joven.
Lo tendrás… ¡Siempre y cuando cumplas una condición!
Exclamó el Asiag, con voz firme y ronca.
¿Cuál es esa condición, mi extraño amigo?
¡No llores jamás!… replicó el demonio y echase a andar ligero envuelto en el frió de la noche ama huagaitzu lo miró fijamente hasta que desapareció su sombrita por el camino… y se dijo para sí:  ¡Lo cumpliré por lo que mas amo! 

La promesa echa al extraño ser. había roto el infortunio de Ama huagaiztu que por fin consiguió trabajo en un lejano pueblecito pero cosas extrañas le sucedían, pues a veces tenia exigentes ganas de volver a llorar…y lloró y lloró amargamente que el “asiag” apareció en la casa de la novia y lo convirtió en una rara flor, porque se había quebrado la palabra empeñada. El Asiag castigó toda una esperanza y dió muerte a un largo idilio.

Se sucedieron las temporadas lluvias y cosechas malos presentimiento empujaron al desdichado a retomar el camino para el regreso. Al doblar la cresta de cerro que es el mirador de su pueblo, alcanzó a ver la casa de su prometida. Habían crecido tanto las hiervas que ocultaban las pircas del patio.  

Al avanzar mas, escuchó el aullido de los perros, y dos pares de quesh – rayos contaban tristemente en las ramas de los arbustos, muy cerca de la puerta de la casa, desde lo alto del camino una anciana le dijo que hace años Huagancu había salido a la laguna y desde entonces no se le vio jamás y que sus padres murieron de pena.

Entonces el joven, con el corazón desgarrado y con las mejillas empapadas en lagrimas, empujo su cuerpo cuesta arriba hasta llegar al borde de una laguna donde florecían los huagancus. Allí junto a una peña Ama Huagaitzu con los ojos nublados por las lagrimas, contempló la imagen de su amada, que se movía lentamente tras las cristalinas aguas, y el viento rizaba la superficie de la laguna, gemía sobre los ichus y se escurría por los alisos entre murmullo monótono del rió saliente del legendario PURHUAY.

Cuentan que algunos años después un pastor trajo al cura de Huari una flor hasta entonces nunca visto, con una forma especial de pistilo, en la que se veía una estatua en miniatura de la virgen del Rosario, con todos sus atributos. Flor extraña con un solo pétalo, blanco o violeta, que había crecido y crece aun entre los pedregales de la laguna de Purhuay.  

Además dicen esta flor que ahora es poco común, la encuentran las personas con ángel, afortunadas, que suelen visitar la laguna los primeros Mayos de cada año.